n.-
Él.
Él es como una colchoneta al final de un precipicio. Siempre está ahí bajándote los pies a la tierra, haciéndote reir cuando los días son insoportables y dándote una ostia cuando TÚ eres insoportable. No es un amigo, pero tampoco deja de serlo, es más que eso. Es como un hermano. Él te saca de tu vida cuando es una mierda y te mete en la suya. Lo sabe todo de ti e intenta adivinar lo que no sabe. Tú también lo sabes todo de él y te sientes con derecho, es más podrías exigirle que te cuente algo si todavía no lo ha hecho. Y si quieres o quiere tener celos estás/está en todo tu/su derecho. Poca gente entiende tal complicidad, a veces no es necesario que nadie te diga que te ama y ponga una estúpida fecha en el corcho de su habitación. Porque él estará ahí en buenas y en malas y cuando el subnormal de la fecha te destroce, él estará ahí para cuidarte. Porque ni dos besos ni mierdas de esas, porque sus abrazos son de verdad. Y aunque no lo puedas encontrar ni cualquier día ni a cualquier hora sabes que no se irá y que te echará de menos en su ausencia, no todo el mundo puede decir eso. ¡Qué coño! que a él le da igual que lo llames cursi porque te va a repetir que te quiere las veces que le salga del culo decirtelo. Tienes la suficiente confianza para decirle que has vuelto a tropezar por 47678165 vez con la misma piedra, y él tiene la suficiente confianza como para llamarte de gilipollas y retrasada para arriba. Porque sabes que después de que te insulte su "todo va a salir bien" es el más sincero de todos.
Nadie lo entiende hasta que lo vive en sus propias carnes, pero todo el mundo debería poder decir "me ha dicho que todo saldrá bien y sé que puedo creermelo."
n.-
No hay comentarios:
Publicar un comentario